4.01.2013

ESCRITO EN CIEZA: EN LAS TRIPAS DE LA VIDA CONVENTUAL


(Artículo publicado en El Mirador el 30 de Abril)
Un libro escrito en Cieza en el siglo XVIII no puede serle ajeno a La Sierpe y el Laúd, por eso buceamos en su literatura a través de las palabras de Pascual Gómez, periodista y miembro del Grupo de Literatura, autor de este artículo.

Para muchos lectores, entre los que me encuentro, María Pilar López (Cieza, 1917-2006) es nuestra escritora por excelencia. Todos tenemos la idea de ella como una de las mejores autoras murcianas que tomó la poesía como la más alta expresión de la vida. Es, sin duda y desde hace años, el referente local de la literatura en Cieza, no solo por su obra poética sino por su personalidad.
Pocos saben que ciento treinta y ocho años antes de que María Pilar publicara su primer libro, ‘Tú y la huída’ (1952), otra mujer residente en Cieza escribía su autobiografía. A Sor Isabel María de Santa Ana Llamas (Ricote, 1730-1778) se la conoce por ser la fundadora y abadesa del monasterio de las Claras de Cieza, en el que vivió hasta su muerte a la temprana edad de 48 años.
Llegar a ella a través de su única obra es, cuando menos, sorprendente. Dice el escritor Juan Manuel de Prada que literatura es contar el misterio de la vida y de lo humano… y hacerlo bien. Si literatura es lo que dice de Prada, esta obra lo es también. No creo que aspirara Sor Isabel María, ni mucho menos, a hacer una prosa de alto nivel estético, pues solo pretendía hacer el relato de los principales avatares de la existencia de la monja clarisa, una visión intimista y cotidiana de la vida conventual.
Al leer con detenimiento el libro de esta ciezana de adopción, “Breve resumen de la vida” (1774), vemos la naturalidad de su estilo. En su prosa se observan la expresión del amor místico y la renuncia a los bienes materiales: “A Este le hago total entrega de mí misma, y de mi propia voluntad, con la que digo, que ya muero al mundo y a todo lo criado, y que solo quiero vivir para mi Dios y Señor; y que renuncio por su amor hasta mi misma carne y sangre, quedando tan fuera y apartada de todo”.
Se trata de un texto que busca identificarse casi exclusivamente con los resortes de la sensibilidad y que, con tan estricta limitación, es capaz de atraer la atención del lector de hoy, aun cuando éste no comparta la complicidad de su mirada. No hay que olvidar que la literatura religiosa tenía una función intraconventual y un carácter moralizador y docente, por lo que apenas llegó a transcender del entorno al que iba dirigida.
Otro de los rasgos que destacan del libro es la humildad de su autora que parece adivinarse a través de una prosa ascético-mística por encargo de sus confesores: “Me sirve de mucha confusión ver lo que he escrito (…), suplico a mis confesores postrada a sus pies que si hallan en lo dicho el menor inconveniente, quemen todo lo que escribo, y me reprehendan por mi soberbia y el atrevimiento de escribir lo que ningún título me pertenece”.
Con la sensibilidad que le caracteriza y su técnica de rienda suelta hacia un realismo muy plástico, Sor Isabel María describe su enfermedad y muestra los efectos del dolor físico: “Todo mi padecer es de medio cuerpo abaxo, dexándome libres los brazos, pecho y cabeza; porque la hinchazón me sube hasta el pecho, poniéndome el estómago y vientre tan hinchado, que no me dexa cruzar los brazos de los dolores”.
Lo mejor, sin duda, de este libro escrito en Cieza en la segunda mitad del siglo XVIII y publicado siete años después en Valencia por el padre Fray Miguel Gadea, es que ofrece una valioso documento sobre todo lo que se vive de tejas para abajo en una comunidad conventual. La autobiografía de la fundadora del monasterio de las Claras de nuestra ciudad se convierte además en literatura sobre una vida más allá de los límites físicos de un convento. Y es que levantó acta de la época que le tocó vivir.

1 comentario:

CARLOS GARGALLO dijo...

Gracias a Pascual por tan interesante noticia, un abrazo.